Guardianas del agua y el territorio: mujeres lideran la justicia ambiental en el sur de Bolivia
En el sur de Bolivia, en Tarija y el Chaco, las mujeres campesinas e indígenas defienden el agua, los bosques y el territorio frente a decisiones que se toman sin ellas. Con el acompañamiento del CCIMCAT y el apoyo de GAGGA, convierten el financiamiento flexible en incidencia: una ley que protege los árboles urbanos en Bermejo, la radio que devuelve la palabra a las mujeres Weenhayek del Pilcomayo y la vigilancia guaraní frente a un megaproyecto en el Aguaragüe.
Esta historia explora:
Cuando las decisiones sobre el agua y el territorio se toman sin las mujeres
Cómo las mujeres de Bermejo convirtieron la indignación en una ley para los árboles
Cómo las guardianas guaraníes enfrentan un megaproyecto en el Aguaragüe
Lo que cambia cuando las mujeres deciden sobre su territorio
Qué se necesita para que más mujeres decidan sobre su territorio
Cuando las decisiones sobre el agua y el territorio se toman sin las mujeres
En el sur de Bolivia, el agua, los bosques y la tierra sostienen la vida de comunidades campesinas e indígenas. Sin embargo, durante años las decisiones que afectan estos territorios, desde obras hasta normas y proyectos, se tomaron sin consultar a quienes los habitan y los cuidan, y muy especialmente sin las mujeres. El financiamiento y las políticas ambientales rara vez llegaban a las organizaciones de base lideradas por mujeres campesinas e indígenas, que conocen de cerca los efectos del cambio climático: la contaminación de los ríos, la pérdida de fuentes de agua, la tala de árboles y la presión sobre los modos de vida tradicionales.
Cómo las mujeres convierten el acompañamiento en incidencia
El Centro de Capacitación e Investigación de la Mujer Campesina de Tarija (CCIMCAT) trabaja para cambiar esa realidad. Con financiamiento flexible y basado en la confianza, y el acompañamiento de aliadas como GAGGA, Both ENDS y BODEM, las mujeres de Tarija y el Chaco fortalecen sus capacidades, ocupan espacios de decisión y transforman su voz en incidencia política, social y comunicacional. Tres experiencias muestran cómo ese apoyo se convierte en cambios concretos en sus territorios.
Cómo las mujeres de Bermejo convirtieron la indignación en una ley para los árboles
En Bermejo, ciudad fronteriza donde los árboles caían bajo el peso del comercio y el cemento, un grupo de mujeres se negó a ver desaparecer la sombra verde de sus calles. Junto al CCIMCAT y con el apoyo de Both ENDS, las defensoras ambientales de Bermejo decidieron convertir su indignación en ley.
Durante meses recorrieron escuelas, universidades, cuarteles y plazas. Conversaron con estudiantes, soldados, comerciantes y vecinas y vecinos, y explicaron que un árbol no es solo madera o sombra: es aire limpio, frescura y vida en medio del calor fronterizo. Su persistencia logró algo histórico: en octubre de 2024, el municipio aprobó la Ley Municipal 345 del Árbol Urbano y Protección de Áreas Verdes, que penaliza la tala indiscriminada y protege los espacios verdes de la ciudad.
Las defensoras no se detuvieron ahí. Llevaron la ley a la gente con campañas, socializaciones públicas y talleres de educación ambiental, le dieron rostro humano y la transformaron en orgullo comunitario. Hoy Bermejo cuenta con un instrumento legal que defiende sus árboles, y el país tiene un ejemplo de cómo las mujeres pueden incidir políticamente y demostrar que la justicia ambiental con enfoque de género es posible.
Cómo las mujeres Weeenhayek encontraron su voz en Pilcomayo
En Villa Montes, a orillas del Pilcomayo, vive el pueblo indígena Weenhayek. Su lengua, su cultura y su vida giran en torno al agua: la pesca, la recolección y las artesanías hechas con caraguata, una planta nativa que es sustento y símbolo. Durante años, sus voces fueron invisibilizadas, hasta que las mujeres Weenhayek encontraron un espacio para hablar en su propio idioma: la radio.
Con el acompañamiento del CCIMCAT y el financiamiento de BODEM, comenzaron a producir programas radiales en lengua weenhayek. Desde los micrófonos contaron lo que ocurría: la contaminación del río, la amenaza a la pesca, la pérdida de la caraguata y los impactos del cambio climático en sus comunidades. Pero no solo hablaron: llevaron sus demandas a las autoridades locales y ocuparon cargos comunitarios y políticos para defender su territorio.
La radio se convirtió en puente. Conectó a mujeres que nunca habían hablado en público y les dio fuerza para organizar marchas, elaborar propuestas y poner el cuidado del ambiente en la agenda desde su cosmovisión. Gracias a este proceso, la lengua weenhayek se escucha hoy en la radio, la cultura se reafirma en las comunidades y las mujeres lideran espacios políticos y sociales. No defienden solo un río o una planta: defienden la continuidad de todo un pueblo.
Cómo las guardianas guaraníes enfrentan un megaproyecto en el Aguaragüe
La Serranía del Aguaragüe es Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado: una extensión de bosques y serranías que abastece cerca del 70 % del agua de Villa Montes, Yacuiba y Caraparí. Ese territorio está amenazado por la propuesta de abrir el Túnel del Aguaragüe, un proyecto vial que uniría Caraparí y Yacuiba y acortaría rutas, pero que también podría afectar los acuíferos, la flora, la fauna y la vida ancestral de los pueblos del Chaco.
Las mujeres guaraníes advirtieron que se tomaban decisiones importantes sin consultarles y que no se respetaba el derecho a la consulta previa, libre e informada. Formaron redes entre comunidades de Caraparí, Villa Montes y Yacuiba y organizaron marchas, foros, peticiones, podcasts y publicaciones en medios locales para alertar sobre los riesgos del túnel. Llevaron el mensaje a las escuelas: más de 250 niñas y niños aprendieron qué es el Aguaragüe, por qué debe cuidarse y qué significa el agua para su vida.
Cuando el gobierno convocó las consultas públicas, las mujeres guaraníes exigieron que los estudios técnicos, los mapas de fuentes de agua y los impactos potenciales se presentaran abiertamente, e hicieron control social con documentación, testigos y medios comunitarios. En agosto de 2025 se realizó la primera consulta pública formal en Caraparí y Yacuiba: algunas instancias aprobaron el proyecto y otras lo rechazaron por los riesgos ambientales y el cumplimiento del derecho a la consulta. Las mujeres lograron que varias observaciones ambientales fueran reconocidas como válidas y que las autoridades se comprometieran a implementar medidas de mitigación.
Lo que cambia cuando las mujeres deciden sobre su territorio
Las tres experiencias comparten una misma fuerza. En Bermejo, la incidencia se volvió norma. En el Pilcomayo, la palabra de las mujeres Weenhayek volvió a escucharse y a ocupar cargos de decisión. En el Aguaragüe, la vigilancia guaraní logró frenar decisiones precipitadas y abrir espacio a la participación. En los tres casos, el financiamiento flexible y el acompañamiento permitieron que las mujeres pasaran de ser ignoradas a marcar el rumbo de las decisiones sobre el agua, los bosques y el territorio.
Qué se necesita para que más mujeres decidan sobre su territorio
La experiencia del CCIMCAT y de las mujeres de Tarija y el Chaco muestra que la justicia ambiental con enfoque de género avanza cuando las mujeres se hacen visibles, ocupan espacios oficiales y exigen ser escuchadas; cuando la incidencia comunicacional, a través de radios, redes, podcasts y foros, se vuelve una herramienta de poder; y cuando el financiamiento confía en las organizaciones locales y llega directamente a quienes cuidan el territorio. Sostener y ampliar ese apoyo es lo que permitirá que más mujeres decidan sobre su agua, su tierra y su futuro.
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”