Mujeres nahuas en la defensa del cuerpo territorio y saberes ancestrales

Esta historia narra el camino de las mujeres indígenas nahuas de Cuetzalan, en la Sierra Nororiental de Puebla, México, y muestra cómo la organización comunitaria, los saberes ancestrales y el acceso a financiamiento flexible han permitido defender el territorio, fortalecer la autonomía de las mujeres y construir alternativas frente a un modelo de desarrollo que excluye y degrada la vida.

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Cuando el financiamiento climático desconoce los territorios y saberes indígenas

Durante décadas, las mujeres indígenas de Cuetzalan han enfrentado múltiples barreras para sostener sus formas de vida y proteger su territorio. Las autoridades han impulsado el turismo masivo como una supuesta oportunidad de desarrollo económico; sin embargo, en la práctica, este modelo ha generado procesos de gentrificación, deterioro ambiental y desplazamiento de los saberes locales.

A pesar de su trabajo comunitario desde 1985, el acceso a financiamiento climático y socioambiental ha sido limitado. Los fondos suelen estar destinados a soluciones externas, complejas o inaccesibles para grupos y colectivos de base. El lenguaje técnico, la poca flexibilidad y la desconexión con las realidades locales profundizan las barreras para acceder a estos fondos.

Muchas veces, a estas defensoras se les ha contribuido de manera simbólica, sin siquiera reconocerlas como tomadoras de decisiones. Esta exclusión ha invisibilizado su aporte en la defensa de la biodiversidad y en la construcción de alternativas sustentables desde los saberes tradicionales y su apuesta por un turismo comunitario responsable.

Construir alternativas propias: turismo comunitario, feminismo y financiamiento en confianza

Ante estas barreras, el grupo Masehual Siuamej Mosenyolchicauani S. de S.S. decidió construir un camino propio. Integrado por más de 100 mujeres indígenas nahuas, desde 1997 opera el Hotel Taselotzin, un proyecto colectivo de turismo comunitario que genera ingresos dignos, promueve prácticas sustentables y visibiliza el liderazgo de las mujeres. El colectivo también ha desarrollado proyectos de papel reciclado, hortalizas familiares, baños secos, estufas ahorradoras, captación de agua, meliponicultura y la transmisión de saberes en medicina tradicional.

La iniciativa más reciente busca fortalecer los conocimientos sobre el temazcal como práctica ancestral y crear una escuela de formación desde el feminismo comunitario. Esta escuela aborda temas como cuerpo-territorio, autocuidado, cambio climático, biodiversidad y derechos económicos. El proyecto permite recuperar la memoria, las raíces y la voz de estas mujeres indígenas, quienes continúan fortaleciéndose desde lo colectivo, desde sus propias cosmovisiones y en armonía con la naturaleza. Estas acciones se han fortalecido gracias al acompañamiento cercano de la mentoría y al financiamiento flexible y basado en la confianza de FASOL, trabajando en sintonía con la visión de GAGGA de apoyar procesos de vida y fortalecer liderazgos locales. El financiamiento flexible y multianual de GAGGA facilitó a FASOL el trabajo cercano con Masehual Siuamej Mosenyolchicauani para el bienestar de su comunidad, de acuerdo con su propia visión y objetivos.

Taller de elaboración de papel reciclado

Del turismo extractivo a la autonomía comunitaria y ambiental

A nivel comunitario, las mujeres han ganado confianza, liderazgo y capacidad de incidencia. Ahora cuentan con espacios propios para la formación política y cultural, lo que ha permitido que muchas de ellas participen en redes regionales de defensa del territorio, como el Consejo Tiyat Tlali o la Casa de la Mujer Indígena. A través del turismo comunitario y el Hotel Taselotzin, han logrado posicionar un modelo que contrasta con el turismo extractivo, promoviendo prácticas responsables y generando ingresos para más de 100 familias. El colectivo ha logrado hacer intercambios generacionales, asegurando la transmisión de saberes y conocimientos tradicionales y aprovechando las habilidades tecnológicas de las jóvenes para los objetivos del colectivo. 

A nivel personal, las mujeres han ganado autonomía y autoconfianza para participar en distintos lugares, generando también cambios en sus familias, quienes ahora las apoyan para participar en espacios de aprendizaje e incidencia.

En lo ambiental, se han implementado ecotecnias y saberes tradicionales que fortalecen la resiliencia local frente al cambio climático: baños secos, captación de agua de lluvia, abonos orgánicos, medicina tradicional y senderos interpretativos con plantas medicinales.

A nivel sistémico, han puesto en la agenda municipal y regional la necesidad de un turismo sustentable con enfoque de derechos y han demostrado que el financiamiento climático puede fortalecer la autonomía indígena y de las mujeres. Han logrado aliarse con otras organizaciones locales de Cuetzalan y la región de la Sierra Norte y Nororiental de Puebla, uniendo sus luchas por la defensa del territorio. 

Qué enseña Cuetzalan sobre un financiamiento climático justo y con enfoque indígena

Esta experiencia muestra que el financiamiento climático no puede reducirse a infraestructura o grandes proyectos. Debe llegar directamente a quienes sostienen la vida desde sus territorios: grupos y colectivos de base, muchas veces formados por personas indígenas, mujeres y otros grupos con prácticas y saberes valiosos para enfrentar el cambio climático. El caso de Cuetzalan demuestra que el fortalecer estas prácticas tradicionales y sustentables ofrece soluciones reales ante el cambio climático, las adversidades socioculturales y las violaciones a los derechos humanos. También cuestiona las falsas soluciones basadas en turismo masivo o proyectos externos que ignoran los derechos de los pueblos.

A nivel global, esta historia ofrece un modelo claro de financiamiento justo y accesible. Es flexible, comunitario y tiene perspectiva de género e interseccional. Además, reconoce los saberes indígenas como parte central de la transición justa.

Nosotras como mujeres, somos hijas de la lluvia, de la Tierra y nuestra voz se expande cada vez que cuidamos de nuestro territorio, las necesidades que tenemos aquí en la Sierra Nororiental de Puebla son las mismas que tienen en otras latitudes y también, nos fortalece saber que en otros continentes y en el resto de Latinoamérica, existen mujeres que nos inspiran por su genuino interés de cuidar la vida, no sólo para ellas, sino para todas y todos.

La crisis climática nos ha alcanzado y también, nuestra labor se multiplica y no podríamos solas, necesitamos de las alianzas entre organizaciones indígenas y la cooperación climática internacional
— Participante del grupo
 

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