Defensoras: tejiendo territorio, cultura y justicia para un mundo más habitable
La historia de las mujeres ayoreas de Campo Loro, en el departamento de Filadelfia, en el Chaco paraguayo, a unos 500 km de Asunción, revela cómo la acción colectiva, impulsada por recursos y acompañamiento, puede transformar la vida comunitaria, proteger el territorio y construir un futuro más habitable.
Esta historia explora:
Cómo se entrelazan la cultura, el territorio y la autonomía como respuesta al cambio climático
Cómo las mujeres pasan de la exclusión a la organización comunitaria
Qué revela esta experiencia sobre el financiamiento climático global
Cuando el financiamiento ignora los territorios indígenas
La diversidad vegetal del Chaco paraguayo contrasta con el avance de la ganadería extensiva, presente desde hace décadas. Los ciclos naturales, vigilados históricamente por los pueblos indígenas, fueron alterados por la explotación excesiva. La pérdida de biodiversidad y el aumento de sequías ponen en peligro el acceso al agua segura y las fuentes de alimento. Así, el uso ancestral del territorio se vuelve cada vez más difícil de sostener. Sin embargo, las mujeres ayoreas de Campo Loro conservan su cultura a través de sus tejidos y la lucha por sus derechos, adaptándose con resiliencia a los cambios.
Cómo se entrelazan la cultura, el territorio y la autonomía como respuesta al cambio climático
La tierra chaqueña, a pesar de su desgaste y fragmentación, permanece fuertemente unida al pueblo ayoreo a través de las mujeres. Ellas caminan largas horas en grupos para desenterrar la Bromelia hieromyni, llamada dajudie en ayoreo y más conocida por el vocablo guaraní karaguata. Con estas plantas que transportan sobre sus cabezas crean las fibras para los textiles y artesanías que materializan memorias profundas.
La identidad y la naturaleza se tejen en formas y colores que representan serpientes que zigzaguean con sus escamas, hormigueros que rompen la tierra con sus círculos, rastros de las andanzas del venado y líneas dejadas por el paso de las nubes. Las artesanas construyen el camino hacia el futuro con la fuerza de su pasado. Se adaptan a la crisis climática trasplantando karaguata cerca de la comunidad. Esto les permitirá tener materia prima disponible, recuperar la biodiversidad y transformar sus vidas.
La historia de las mujeres ayoreas de Campo Loro es también la de muchas otras mujeres de la región. Desde 2014, el Fondo de Mujeres del Sur (FMS) acompaña a grupos que trabajan en la intersección entre justicia socioambiental y de género. Y desde 2017 apoya a la Asociación de Artesanas Ayoreas para fortalecer sus iniciativas: preservar el hábitat y la cultura ancestral, y consolidar la producción artesanal como medio de vida.
A medida que se consolidaron como grupo, creció en las ayoreas el deseo de tener mayor incidencia dentro de la comunidad y en favor de ella. En 2019 participaron de la Ruta de Aprendizaje “Mujeres y Acceso a Recursos Naturales—Agua y Tierra”, en Santiago del Estero, Argentina, un encuentro internacional con otras mujeres cuyas luchas eran similares a las suyas. Allí comprendieron que para potenciar este camino necesitaban visibilizar sus demandas y generar intercambios. Por eso decidieron que era vital aprender a leer y escribir.
El programa de alfabetización, que recibió apoyo del FMS, se realizó en la lengua de las ayoreas y contó con su participación en la elaboración de la malla curricular. Inicialmente, buscaba que ellas pudieran reconocer sus nombres en documentos y gestiones. Pero también mejoró la comercialización de sus productos y fortaleció su capacidad para exigir derechos, tanto ante líderes de la comunidad como frente a actores estatales.
De la exclusión a la organización comunitaria
En la Casa Cultural de Artesanas de Campo Loro, gestionada por la Asociación de Artesanas, las mujeres se reúnen, elaboran y exhiben su producción artística, y tejen estrategias para el desarrollo comunitario.
La organización de las mujeres ayoreas pone en el centro la acción comunitaria ante la crisis climática y brinda herramientas para responder a la violencia estructural que las excluye de las decisiones sobre políticas estatales.
En 2023 y 2024 se canalizaron recursos para fortalecer capacidades técnicas y organizacionales. Esto permitió a las ayoreas reunirse con profesionales independientes comprometidos con la sostenibilidad del ambiente y la naturaleza chaqueña.
Hace 11 años, el FMS asumió como prioritaria la intersección entre justicia socioambiental y de género. Hoy, este enfoque constituye un eje esencial de su trabajo. Desde entonces, ha canalizado recursos para acompañar a un número creciente de grupos de defensoras ambientales, ampliando regiones y causas, y estableciendo alianzas con otros fondos y organizaciones del continente. En este recorrido, se apoyaron más de 300 iniciativas de más de 100 organizaciones en países de América del Sur como Argentina, el Chaco Boliviano, Paraguay, Perú y Uruguay.
En 2016, el FMS se integró como socio dentro de la Alianza Global para la Acción Verde y de Género (GAGGA, por sus siglas en inglés). Este impulso fue fundamental para expandir y profundizar el programa "Fortaleciendo a las Defensoras Ambientales”. Con este y otros apoyos, el FMS llegó a organizaciones de más pueblos indígenas: ayoreas, ishir, chamacoco, ishir yvytoso, nivaclé, manjuy, maskoy, guaná, ache, guaraníes y Pai Tavytera. Amplió su alcance hacia otras regiones geográficas- más allá de la ecorregión chaqueña americana con la cual iniciamos esta travesía- hacia el bosque atlántico y los humedales. Además, prestó acompañamiento estratégico y técnico-político a defensoras ambientales en un espectro más amplio de causas y reivindicaciones.
Qué enseña esta experiencia al financiamiento climático global
Para las defensoras ambientales, la sostenibilidad se expande e implica una mirada holística ligada a la habitabilidad del planeta. Las poblaciones que el FMS apoya trabajan para sostener no solo el bienestar de las personas, sino también la equidad, la cohesión colectiva, la preservación y el acceso a los bienes comunes en armonía con procesos naturales, el tejido social y comunitario, y el funcionamiento de la economía a largo plazo.
El sueño de la “La tierra sin males” forma parte de la cosmovisión guaraní e incluye dos conceptos: el Teko y el Tekoha. El Teko es el modo de ser en la tierra; el Tekoha es el lugar para ser, para desarrollarse, donde se lleva adelante la vida, la cultura y la economía. Sin tekoha no hay teko- no hay lugar donde ser lo que somos. Esta cosmovisión también resuena en otras culturas nativas como la ayorea, que valoran profundamente la importancia, el respeto y la conexión profunda con la tierra y el territorio.
La mirada comunitaria sostiene soluciones que hacen un mundo más habitable. Con financiamiento ese sueño está más cerca de ser posible.
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”
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